18 de Abril 2008
MIGRACIONES Y DIGNIDAD HUMANA.
La historia contemporánea de este país y su propia situación actual no pueden
entenderse sin conocer y valorar con justicia la movilidad de muchas personas que, muy
a su pesar, lo han ido abandonando o de aquellas otras que, también a su pesar, se están
convirtiendo en sus nuevos habitantes. Es indiscutible, en tal historia, el protagonismo
de los cuatro millones de españoles que tuvieron que marchar a las Américas entre
1880 y 1935, o el de los también numerosos españoles que no cabían con dignidad en la
España franquista y tuvieron que colaborar en la reconstrucción de la Europa de
posguerra, como el de las innumerables familias rurales afectadas por el éxodo hacia las
capitales industriales y sus cinturones metropolitanos, o los llamados “emigrantes
golondrinas”. El mismo grado de protagonistas de ésta historia les corresponde a los
numerosos inmigrantes africanos y suramericanos pobres que hoy se ven obligados a
convivir (más mal que bien) en vuestro país.
Y tal protagonismo les deviene tanto si se adoptan criterios cuantitativos como
cualitativos de valoración: Sus aportaciones monetarias y productivas al crecimiento
económico, sus actitudes valientes y arriesgadas, sus aperturas mentales y sus
capacidades de aprendizaje les otorgan este honor. Una prueba evidente de lo dicho
resultó ser el retorno de muchos de ellos, que se convirtió en motor de ciertas
estructuras económicas y sociales de sus comarcas de origen, donde no existían o habían
quedado estancadas. Quien es capaz de dejar su nido para poder seguir viviendo con
dignidad merece no sólo el mayor de los respetos, sino el aplauso unánime de sus viejos
y nuevos conciudadanos y hasta el agradecimiento de un sistema económico que
cínicamente se aprovecha de ellos expulsándolos (válvulas de seguridad) y
recibiéndolos (trabajos duros y mal remunerados).
No obstante, el papel de cancerbero que otorgó a España el tratado de Schengen
le ha ido conduciendo a la pérdida de su profundo y culto sentido de la hospitalidad (de
origen, por cierto, norteafricano), de tal forma que sus gobernantes se consideran
porteros y dueños de un territorio que nadie les ha dado en herencia. Todo les hace
pensar que el sacramento del europeismo los ha convertido en europeos occidentales y
desarrollados, por la gracia de Dios y a pesar de la Historia. Ello significa que “su
casa” se ha extendido muchísimo hacia el norte de los Pirineos (donde ya no empieza
África) y ha fortalecido sus muros en el flanco sur (donde ya no existe el “mare
nostrum”). Esta estúpida, pacata y frágil visión geopolítica conduce paradójicamente a
España a seguir siendo inexorablemente frontera del mundo desarrollado y su guardián.
¿Acaso un futuro más interesante de los países meridionales de la Europa Comunitaria
no debería pasar por la superación de las propias fronteras continentales y la
reconstrucción del Mediterráneo romano? Una ampliación de Europa por el norte de
África otorgaría a España, por ejemplo, no sólo un emplazamiento más centrado en el
conjunto territorial comunitario, sino también un verdadero reencuentro con sus raíces
gentilicias y culturales, con sus viejos conocidos y parientes. Imaginarse al presidente
con chilaba y turbante podría ser un buen ejercicio para despejar las dudas
oficiales sobre tal parentesco. No obstante resulta curiosa la coincidencia de gobiernos
sureños de la U.E. Con los planteamientos
proamericanos y redentoristas del gobierno Blair, al prescindir de los criterios de
justicia y derechos humanos en el tratamiento del tema de las migraciones en aras de
primar unas seguridades y eficiencias francamente ridículas y obsoletas en una sociedad
del riesgo, perfectamente tipificada por Ulrich Beck. Un simple y lineal neototalitarismo
tiende a invadirlos apoyándose en dos estrategias (la del miedo y la del control
mediático) convirtiendo a toda disidencia en sospechosa e introduciendo impune y
vergonzosamente nuevas formas de xenofobia y racismo (inmigrante es igual a
delincuente),
“No seremos implacables más que con las mafias, adoptaremos unas actitudes
exigentes y disuasorias con los irregulares, así como humanitaria para afrontar el reto de
la integración, pero haremos cumplir la ley”.
Colocados por encima del bien y del mal, en el trono de la máxima sabiduríapero,
a su vez, muestran sus vergüenzas cuando, enumerando sus próximas tareas en
relación con el asunto inmigratoiro, consideran que la más importante de ellas es
actualizar el contingente en función de las necesidades de la producción y el mercado.
Los inmigrantes, estámos obligados por nuestra propia
subsistencia a pensar con acierto, cordura y rapidez,
porque si en realidad es el
mercado el que manda, sabemos que los mercados a los que servimos no quieren
personas pensantes, sino máquinas de trabajo, esclavos, y de eso es de lo que muchos de
ellos huyen. Pero los inmigrantes (escapando del empobrecimiento de nuestros países, causado por la rapiña
indiscriminada del capitalismo globalizado, intentando sobrevivir de las tenazas de un
orden global que excluye y abandona a su suerte a las cuatro quintas partes de la
población mundial), siguen viniendo y siguen siendo protagonistas de vuestra historia. Ni los malos gestos, ni las nuevas normas legales frenan sus llegadas en busca
de mejores condiciones de vida. Y los que vienen son los mejores, los que se atreven,
los arriesgados, los que todavía pueden soñar con un futuro distinto para sus hijos, los
que aprenden español con una rapidez envidiable, los que se organizan solidariamente
en pequeñas comunidades familiares que aumentan y se multiplican. Y sin quererlo, se
están convirtiendo en ejemplo para una sociedad decadente e inducida al pelotazo, se
convierten en aldabones de las conciencias de muchos jóvenes que vegetan en institutos
y universidades (siguiendo las leyes del mínimo esfuerzo) y que descubren nuevos
quehaceres solidarios.
La nación, el territorio, las fronteras no parecen tener hoy la importancia
fundamental que a veces se les ha dado dado. Además de productores de una economía
globalizada, el pueblo Español es (sobre todo) heredero de la especie humana y ciudadano del
mundo. Enorgullescanse de ser anfitriones, compañeros y compatriotas de estos arriesgados y
entusiastas buscadores de felicidad, porque hay que entender que la única ética posible de la globalización pasa por la
interculturalidad y ello se opone a la exclusión y al encerramiento en fortalezas
territoriales y regímenes de resonancias feudales. Entendemos que la solución del
encierro, no puede ser exclusivamente administrativo-legal, sino que
también exige un compromiso político. En función de estos planteamientos, aplaudimos
y nos ponemos a disposición de todos aquellos que desde distintas perspectivas luchan
por una búsqueda digna de soluciones imaginativas y positivas sin sacrificios
de chivos expiatorios. ¡Ningún ser humano es ilegal!
2 comentarios » escribe aquí tu comentario
Pepe.- dijo
Éste es tu punto de vista y el de otros tantos simplistas que os adoctrinan. Lo respeto.-
-Pero es equivocado. Han pasado 500 años y también los que ahora van a América tienen más educación, como tu dices, es decir, van a montar empresas, crear riqueza y dar trabajo. El mundo es así. No compares hace 500 años con hoy, si no hubieran ido, 'otros' es probable que los indígenas hubieran autodesaparecido, como desaparecieron los anteriores, se mataban entre ellos solos ya, hubo verdaderas extinciones de razas. Lee y estudia, pero de todos lados, no de uno solo.-
Gracias.-
19 Marzo 2008, 15:10
Jonathan dijo
Bueno
18 Abril 2008, 00:21
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